Dayana Cristina Duzoglou L
Analista política y experta en tecnologías disruptivas aplicadas a la ciudadanía, la sociedad, la gobernanza y las empresas. Exploro cómo la innovación redefine el poder, la participación y el futuro de la democracia y la libertad.
jueves, 27 de noviembre de 2025
Burkina Faso: El país más olvidado, donde el narco y el islam radical ahogan la esperanza
Burkina Faso significa “tierra de hombres con integridad” y este país, lleno de
bellezas naturales impresionantes, es actualmente, uno de los países más
peligrosos del globo terráqueo. Con mas de veintidós millones de burkineses que
viven en condiciones de pobreza extrema y en un fuego cruzado constante de
diversos grupos terroristas, este país ocupa uno de los últimos lugares del
mundo en desarrollo humano. Las instituciones se han desvanecido, y en su lugar
emergen estructuras paralelas: milicias civiles, clanes armados, redes de
narcotráfico y comandos yihadistas. Lo que debió ser una nación digna hoy es un
tablero trágico de guerra, donde cada ataque terrorista ocasiona la perdida de
miles de vidas inocentes, escenario muy común en nuestros países
latinoamericanos, donde el terror se ha institucionalizado, el Estado ha sido
vaciado desde dentro, y el silencio internacional es tan criminal como el crimen
mismo. Thomas Sankara: El reformador asesinado por la codicia En un periodo de
tiempo récord (solo 4 años que trascurrieron desde mil novecientos ochenta y
tres a 1987), Thomas Sankara, hoy un prócer con estatuas en este país,
reconstruyó con inmediatez áreas claves como alfabetización a gran escala y
vacunaciones necesarias de todos los pobladores. Ademas, fue quien bautizo al
país con el nombre de “Tierra de hombres con integridad”. Entre sus mas notables
medidas prohibió por completo la aberrante mutilación femenina que era común
entre miles de niñas burkinesas y también prohibió los matrimonios forzados y la
poligamia. Por otro lado, con certeza, implementó un programa de planificación
familiar y ademas empezó a integrar a las mujeres como parte de su gobierno.
Para él, no podía haber prosperidad y desarrollo sin la liberación plena de la
mujer. Sankara predicó con el ejemplo: su gobierno recortó los sueldos de los
funcionarios, vendió los autos de lujo del Estado y promovió la autosuficiencia
alimentaria. Su revolución ética contrastaba con las redes de poder corrupto que
dominaban y todavía dominan África Occidental, así como también dominan hoy
buena parte de países del Caribe y de América Latina. Pero la integridad suele
tener un precio alto en sistemas construidos sobre la corrupción. El 15 de
octubre de 1987, fue traicionado por su compañero de armas, Blaise Compaoré.
Durante una reunión en Uagadugú, un comando armado lo ejecutó a sangre fría
junto a doce de sus colaboradores. Sin juicio. Sin proceso. Una ejecución
política que marcó el fin de una era y el comienzo de una regresión brutal. Su
legado,, es hoy una herida abierta. Sankara representa la posibilidad abortada
de un liderazgo íntegro en medio del caos, una utopía traicionada por quienes se
benefician del caos. Su figura resuena con fuerza en el presente de muchos
países latinoamericanos que, entre narcoestados, crímenes políticos y represión
social, también han visto cómo la esperanza suele ser sofocada antes de florecer
por ya varias décadas. Legado incómodo: la amenaza que representan los lideres
íntegros El asesinato de Thomas Sankara no fue solo el silenciamiento de una voz
rebelde, sino el mensaje inequívoco que los poderes globales y sus cómplices
locales envían cada vez que un líder decide gobernar con ética en lugar de
ambición. El crimen político, ya sea en Burkina Faso o en América Latina, es
siempre un acto de perversión: eliminar al ejemplo antes de que se vuelva
contagioso. Desde Haití hasta México, desde Colombia hasta Venezuela, hemos
visto repetirse el patrón: líderes que intentan desafiar las estructuras
mafiosas —sean del narco, del capital extractivista o del clientelismo
partidista— terminan arrinconados, acorralados, exiliados o muertos. En
continentes plagados de promesas rotas, la integridad se convierte en una
anomalía peligrosa. Sankara, como Gaitán, no cayó por ingenuo: cayó porque era
el ejemplo de que los cambios positivos en democracias fuertes son posibles. Su
muerte nos advierte que la ética democrática —cuando no es discurso sino praxis—
despierta la violencia de quienes lucran con la sangre, el narcotrafico y la
corrupción. Y sin embargo, como toda verdad que se planta en tierra fértil, el
recuerdo de Sankara sigue vivo y germinando. En los campos de Burkina Faso donde
los jóvenes reclaman dignidad, así como también en las calles de América Latina
donde los pueblos resisten a las dictaduras nuevas y viejas, y también en cada
intento por reconstruir desde la raíz una república verdaderamente justa. El
terror que impusieron sus asesinos no logró borrar lo esencial: que hubo una vez
un hombre en Burkina Faso que creyó, vivió y murió por la idea de que la
decencia también podía gobernar. Terrorismo, narco y drones: El infierno de
Uagadugú La capital, Uagadugú, y otras ciudades como Solenzo y Djibo, viven bajo
fuego constante.Tanto las fuerzas militares o ejercito como las milicias VDP o
de voluntarios al servicio de la defensa de la patria han hecho publica las
miles de ejecuciones extrajudiciales, exterminios medianto bombardeos a diversos
poblados y la represion exceciva que hoy se lleva a cabo contra los civiles
indefensos. Ademas, muchos de estos grupos terroristas ( especificamente los
grupos Jama'at Nasr al-Islam wal-Muslimin y el Estado Islámico del Sahel)
exponen al terror constante a los burquineses, saqueando arsenales y reclutando
menores de edad así como también a victimas desplazadas por esta ola de terror.
El trafico ilegal de estupefacientes ha convertido a este pais en un pais de
paso estrategico de drogas hacia el continente europeo por las denominadas
“autopistas de la muerte” que usan las rutas antiguas que usaban los
comerciantes transhararianos. Todo este panorama tan complejo y realmente
aterrador, donde los terroristas son la alternativa a un gobierno débil y los
miembros del ejercito combaten al pueblo desposeído e indefenso, es un escenario
común para nosotros los latinoamericanos en donde el crimen organizado son los
mismos “gobiernos” y donde los carteles controlan territorios enteros en
sociedad con alcaldes, gobernadores y autoridades corruptas en donde se vive el
fenómeno de guerra no convencional entre diferentes mafias contra ciudadanos
civiles indefensos que terminan en las mazmorras de estos regímenes atroces que
no tienen respecto alguno por los derechos humanos de sus presos tanto políticos
como presos comunes. Islam radical y odio étnico: Bobo-Dioulasso y la fractura
Lo que fue cuna de cultura y arquitectura del continente africano en el pasado,
Bobo-Dioulasso, es hoy semillero del extremismo islámico. Los mossi, grupo
dominante, gobiernan con puño de hierro mientras los fulani, pastores
históricamente marginados, se radicalizan. El Estado, lejos de mediar, ha
elegido reprimir. Así, la religión (islámica en su mayoría) se convierte en
trinchera y el resentimiento étnico en dinamita. No hay escuelas, no hay agua,
no hay tierra, no hay luz, ni servicios básicos. Solo hay fusiles, trafico de
drogas, himnos radicales y promesas de poder para quien mate más. Este fenómeno
de polarización étnico-religiosa es paralelo al uso político de la identidad y
la exclusión en algunos países de América Latina donde ciertos sectores son
satanizados, desplazados, eliminados y reprimidos bajo etiquetas como “enemigos
del pueblo” o “contrarrevolucionarios”. En ambos casos, se construye un enemigo
interno para justificar la violencia del poder y alimentar un aparato represivo
sin rendición de cuentas. El triángulo de la muerte: Sahel como epicentro del
colapso La región de Liptako-Gourma, donde convergen Burkina Faso, Malí y Níger,
es un agujero negro de gobernabilidad. Allí, el 60% del territorio está fuera
del control estatal. Las fronteras son simbólicas. Las alianzas entre
yihadistas, narcotraficantes y mercenarios son el nuevo orden. Francia se fue.
Rusia entró. Y la Alianza de Estados del Sahel rompió con Occidente para abrazar
un autoritarismo militar que recuerda a otras tiranías más cercanas, donde las
elecciones son fachada, la soberanía un discurso vacío y el verdadero poder se
“pre-negocia” entre bastidores con grandes sumas de dinero, armas, cocaína y
oro. El colapso total de servicios —salud, educación, seguridad alimentaria— no
es un accidente: es un modelo de dominación que opera también en ciertas zonas
de Latinoamérica, donde el abandono estatal se convierte en oportunidad para
redes ilícitas de poder. Narcoterrorismo y armas: el combustible del caos Según
INTERPOL, más de 10 toneladas de anfetaminas fueron incautadas recientemente en
Burkina Faso, junto a armas, explosivos y combustible ilegal. Los grupos
radicales financian su expansión con el oro extraído de manera ilegal en zonas
sin ley. Ese oro termina en mercados internacionales. Las ganancias compran
fusiles, pagan lealtades y alimentan guerras. En ese sistema, la violencia no es
un efecto: es el modelo. Y los jóvenes, sin opciones, se convierten en soldados
del narco por una comida al día y una promesa de poder. En muchos países de
América Latina, también, el narcotráfico se ha infiltrado en la economía formal,
en la política y en los sistemas de justicia. La cooptación de las instituciones
no solo permite el negocio de la droga: lo convierte en estructura de gobierno.
La única diferencia con el Sahel es el idioma y el nombre de los supuestos
“lideres”. El mecanismo es exactamente el mismo. Cuando el olvido también va
matando lentamente El crimen, el terror y al narcotráfico de Burkina Faso no es
solo su tragedia, sino el silencio que la envuelve. Periodistas censurados,
cooperantes expulsados, medios cerrados, activistas perseguidos. El mundo
observa pero sin ver. Y cada poblado bombardeado, cada niño sin escuela, cada
civil o opositor asesinado, nos habla también de lo que puede pasar cuando se
deja pudrir una nación desde adentro. "No se desarrolla a la gente. La gente se
desarrolla a sí misma" Joseph Ki-Zerbo ( historiador, político e intelectual
africano de Burkina Faso, pionero del pensamiento sobre el desarrollo endógeno y
defensor de una África que se reconstruya desde su identidad cultural. Fue
opositor a las dictaduras y crítico de los modelos impuestos, tanto capitalistas
como socialistas) Dayana Cristina Duzoglou Threads: dduzoglou1 E-mail:
cristinaduzoglou1@proton.me
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